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IconoAlianza Bragnir
Enano

Bragnir Martillo de Fuego fue el hijo de Dunkan Martillo de Fuego. Gran héroe de la Alianza, portador de Khâr-Maraz, pasó sus últimos años trabajando como mercenario, encontrando la muerte en la batalla de La Puerta de Cólera.

TrasfondoEditar

El Clan Martillo de Fuego empieza con Dunkan Martillo de Fuego. Este enano se hizo un nombre en la Primera Guerra como guerrero de fortuna junto a su hijo Bragnir y su martillo Khâr-Maraz, forjado por él mismo. Aunque se ganaba la vida resolviendo problemas y cazando a fugitivos en los Reinos del Este, cuando la Horda irrumpió en Azeroth defendió su patria sin pedir nada a cambio y le dolía cada metro de tierra invadido y cada vida perdida. Tras la unificación de los Reinos Aliados combatió junto a los humanos en la reconquista de Ventormenta, fue condecorado y años más tarde murió en paz en su pequeña villa en Dun Morogh, heredando Bragnir a Khâr-Maraz.

Bragnir ingresó en la guardia de Forjaz y patrulló la ciudad durante algunos años, tenía carisma, dotes para el liderazgo y era respetado por sus semejantes. Un fatídico día se recibió en Forjaz la petición de ayuda del magistrado de Villa del Lago para combatir a los Hierro Negro que amenzaban la paz de la villa. La hija del Señor de Forjaz, Moira Barbabronce, se ofreció para hacer una incursión en los territorios de los Hierro Negro escoltada por una guardia de élite, en la que se encontraban Kharan Martillo Poderoso, Iscaltur Hachargenta y el propio Bragnir, ademas de enanos con experiencia y determinación junto con lo mejor de lo mejor de la guardia de Forjaz.

El grupo sufrió una emboscada en Las Estepas Ardientes, lucharon con toda la fuerza y coraje que pudieron, pero eran superados ampliamente en número. Moira fue capturada y llevada a los salones de Roca Negra. Kharan Martillo Poderoso fue encerrado en la Fosa de la Escoria, torturado y humillado. Bragnir Martillo de Fuego e Iscaltur Hachargenta sobrevivieron a la emboscada. Los Hierro Negro los dieron por muertos debido a las heridas tan graves sufridas, pero estos dos enanos no eran enanos mediocres. Iscaltur el Paladín decidió rescatar a la princesa con los medios disponibles, mientras Bragnir optaba por volver a Forjaz e informar a su Señor de lo ocurrido. Sus caminos se separaron en aquel momento, de Iscaltur no se supo más.

Bragnir llegó a Forjaz una semana después, e inmediatamente recibió tratamiento de los apotecarios y sanadores. Los rechazó y pidió audiencia con el rey Magni Barbabronce, pero el senador Barin Rocarroja se la denegó e instó a la guardia a investigar lo sucedido. Magni, tras ser informado por Barin, decidió reunir a un puñado de héroes procedentes de todo Azeroth para rescatar a su hija. Barin le aseguró de que era victima de un encantamiento y que aún tenía solución. Bragnir, Iscaltur y Kharan fueron acusados de traición, pues eran los únicos supervivientes, sus nombres fueron grabados en el libro de los agravios y fueron condenados al exilio, tanto ellos como sus descendientes, todo bajo la supervisión de Barin Rocarroja.

Bragnir decidió retomar el camino de su padre, y con Khâr-Maraz en su mano ofrecer sus servicios como mercenario. Todos en el clan sabían que fue acusado injustamente y que no merecían tal trato por parte de Forjaz. Decidieron unir al clan a todos los ciudadanos de Forjaz que hubieran sufrido el mismo destino, pues el senador Barin Rocarroja era quien firmaba las expulsiones, y estaba cegado con limpiar Forjaz de indeseables.

Muchos enanos y gnomos se unieron a las filas de los Martillos de Fuego en los años siguientes, algunos de ellos tratados en mayor o menor medida injustamente.

Llegó a los oídos de Bragnir Martillo de Fuego, por boca de Azgard el Viejo, que en Kharanos solía verse a una pareja de enanos, dos bastardos sin suerte, que se metían en peleas a diario y curaban las heridas con cantidades ingentes de cerveza. Estos enanos eran Khaelgar Puñopétreo y Braenir Barbaplata. Ambos se habian conocido en la taberna de Kharanos y allí seguían. Khaelgar fue expulsado de la guardia de Forjaz por agredir a un diplomático de El Exodar en una gala, algo que unido a sus problemas con el alcohol no dejaban lugar alguno al indulto. Khaelgar agradeció la nueva oportunidad que le estaban dando, y sirvió a los Martillos de Fuego con gran dedicación y junto a Braenir el Cazador se hicieron un hueco en el corazón de los Martillos de Fuego en general y de Bragnir en particular.

Pidieron a los Martillos de Fuego que colaboraran en las batallas contra las tropas del Rey Exánime en Rasganorte. Las tropas de la Alianza ganaban terreno poco a poco en las heladas tierras hasta que se decidió que tenían una posibilidad de acabar la guerra de forma favorable en un asalto a la Puerta de Cólera. En el futuro los historiadores de Azeroth contarían de ese día como uno de los más fatídicos y trágicos de la fatídica y trágica guerra contra la Plaga. Muchos soldados de la Séptima Legión perecieron en aquel lugar, así como héroes que prestaron sus aceros a la causa. Entre los caídos se encontraba Bragnir Martillo de Fuego. Lo que no pudo la nación Hierro Negro lo pudo las traicioneras armas de la Plaga.

Bragnir, antes de morir, entregó el mando del clan a Khaelgar. Nadie discutió la decisión ya fuera por estar de acuerdo o por simple respeto ante el último deseo de un moribundo. Khâr-Maraz fue guardado en una cámara acorazada en un lugar indeterminado. Khaelgar declaró que no merecía portar aquella reliquia y sus manos la sostendrían solo cuando el nombre del clan dejara de significar exilio o repudio en las mentes de los legisladores de Forjaz.

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